Moral, Valentín
Resulta bastante difícil ordenar y clasificar los sentimientos y las emociones de estos últimos años, sobre todo, cuando has estado sometido a un difícil despertar espiritual. Tratar de clasificarlos en las distintas etapas de este proceso, sin hacer referencia a cómo o cuándo ocurrieron estos sentimientos, ha sido más complicado que escribir muchos de estos poemas, y más cuando en esos periodos de tiempo se dieron distintos episodios de amor y desamor, de nostalgia y de pensamientos trascendentales.
Todo esto lo escribí entre la introspección, las dudas, los silencios profundos, mis sombras internas, muchas pausas vitales, mi confusión, la errancia y la retirada emocional.
Para tratar de hacerlo lineal lo he dividido en grupos bien definidos.
Bloque 1. Toda pérdida, por pequeña o grande que sea, es el mejor transformador de la conciencia humana. Descender a los infiernos como único elemento para volver a elevarse, es solo para almas llenas y sin miedo, confiadas en crecer y sabedoras que no van a volver a ser lo que eran o recuperar lo que tenían.
Bloque 2. Una vez en el pozo, solo quedaba mirar entre mis sombras, sorteando en cada minuto de silencio, con una mirada introspectiva. Y en el centro de esa introspección, nació la nostalgia por tus raíces, por tus orígenes.
Bloque 3. Solo se es consciente y se sale de esos «momentos mal llamados malos» a través de una reflexión profunda sobre quién es uno y quiénes son los que te rodean.
Bloque 4. Ahí uno renace, conoce, se da cuenta de quiénes llegan a tu vida, de qué debes respirar y qué debes atraer para renacer.
Bloque 5. Completo el libro con poemas sueltos de amigos o amores que alguna vez pasaron por mi vida pasada, presente o, quién sabe, futura.