Chenlo Caldelas, Lorena
Guardé mis palabras como fuego dormido, como relámpago oculto en un cofre sellado. Ahora cada verso es un estandarte, cada emoción, un ejército que marcha; ya no temo al peso de mis sombras, pues mis letras son alas que no se quiebran. No estoy sola en esta travesía ardiente: guerreros del verso, guardianes de la voz, escuchan, entienden y encienden esperanza. Son versos esculpidos en la roca, nacidos del silencio y del latido de un volcán interno que finalmente despierta. Una cartografía emocional donde el desgarro se convierte en belleza y el refugio es la palabra escrita. Hoy escribo y sé que resuena en el mundo, que lo íntimo se vuelve infinito, y que de mis heridas nacen puentes, luz que convierte la oscuridad en destino.