Priscila Trinidad, Dámaris
No aprendí a escribir sobre mí, he llegado a pensar que no soy quien escribe sino que algo me escribe a mí. Puedo evocar este impulso encualquier momento, como quien se sienta en una mecedora a tejer, creando versos y oraciones. Otras veces, la palabra irrumpe mi cotidiana soledad; me acorrala, me deja sin aliento hasta poder decir lo que ha querido.
Hay puntadas que podrían sentirse toda la vida porque atraviesan siempre el mismo punto, sin embargo, hay otras que son un grito de esperanza, como quien intenta reparar puntada a puntada las hilachas de una vida vieja e incierta, hilachas de viejos amores e historias que ya no existen.