Javier Ruiz Romero
Compartí la tragedia que sobrellevó y a la que sobrevivió la movida madrileña, la de todo el país. El desgarro del romanticismo opaco, los duendes del desamor, el resplandor de las drogas y la tragedia de la muerte cercana. También admiré la inteligencia, la imaginación y la sensibilidad que irradiaban sus poemas y canciones. Las intenciones, convicciones, empeños y creencias que nos movían entonces y me siguieron moviendo.
Tanta creatividad no puede quedar perdida, me niego.
Me niego a que tantos versos se pierdan en esta vida de impactos, en un todo por la nada, en las amenazas del miedo, en el sentimentalismo velado, el desamor y el desencanto. En un velo que vincula siempre un movimiento cultural a la fiesta, al desenfreno y a las drogas peligrosas y cercanas, tan próximas como lo estuvo la muerte. La movida fue mucho más, aunque, ciertamente, no hay nada más peligroso que lo que creímos saber y, entonces creímos saberlo todo.